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Educación en Valores Humanos
Las frases como elemento de enseñanza PDF Imprimir Correo electrónico

Si las palabras son importantes al punto que logran producir tal influencia en nuestras vidas y en las vidas de los pequeños, imagínense lo que provoca la palabra escrita, la palabra que se lee, la palabra que se aprende, la palabra que se reflexiona…

Para un niño de dos o tres años, el lenguaje es fundamentalmente un entretenimiento, una especie de juego divertido y, a la vez, incomprensible. En cambio, un niño de seis años ya ha descubierto o lo estará haciendo, que el lenguaje es una valiosa herramienta de innumerables aplicaciones prácticas.

La adquisición del lenguaje es uno de los pasos más difíciles y al mismo tiempo importantes en la vida de un niño, y que se da en sus primeros años de vida. Para poder llevar a un buen término este aprendizaje la estimulación que reciba de su medio ambiente, de las personas que le rodean, adultos y otros niños, le va a ser fundamental.

En el transcurso de estos años, van a tener lugar dos hechos trascendentales que darán un impulso definitivo a este proceso de maduración verbal: el inicio de la escolarización y la instauración del proceso de socialización.

La escuela, efectivamente, constituye para los niños un activador lingüístico de primera magnitud. Les coloca ante la necesidad ineludible de tener que adquirir y manejar continuamente nuevas palabras y conceptos, ayudándoles a similar un conocimiento global del mundo, y los obliga a convivir con otros niños y comunicarse entre sí y con otras personas.

Puede decirse que es en esta edad que la palabra empieza a adquirir para ellos una importancia esencial. Entre otros aprendizajes, la lectura y la escritura tendrán una función fundamental en su desarrollo verbal.

Una manera muy sencilla de promover el desarrollo del lenguaje escrito y hablado así como de la comprensión del mismo, es utilizando frases o pensamientos cortos. Aunado a ésto, si lo que decimos tiene un valor positivo, una enseñanza valiosa, no sólo estaremos inculcando en el pequeño el interés por la palabra, sino el respeto por las palabras mismas. Y, como veíamos anteriormente, enseñaremos de una manera indirecta a que el chico cuide sus palabras y por lo tanto, cuide sus actos.


¿Por qué una frase?

Muchas son las filosofías que conforman el pensamiento humano universal. Y gran parte de ellas se manifiestan a través de sustanciales proverbios y refranes, que en algunos casos hasta llegan a ser del dominio público, y, en otras, se hallan inscritas en tratados copiosos como parte del patrimonio cultural e histórico de la humanidad.

Los pensamientos y citas poseen una sabiduría excepcional respecto de detalles útiles y obvios de la vida cotidiana hasta verdades trascendentales como el por qué de la existencia del hombre en el cosmos.

Visto de otra manera, una máxima es una  cápsula de sabiduría condensada.

Las frases célebres son realmente una herramienta muy popular. Tan sólo en la internet hay actualmente más de dos millones de sitios en español que contienen citas, refranes, aforismos y proverbios.

Las citas son tan eficaces, que los publicistas, políticos y gente de la televisión las usan continuamente. Saben que su producto venderá más o su gobierno será aún más popular si la gente repite o se recuerda de “Lo importante en la vida no tiene precio, para todo lo demás existe Master Card”, o evoca sentencias como “Arriba y adelante” o “Contigo es posible” o hasta palabras inventadas sin lógica común parece que llegaron para quedarse como ésta “¿quiere usted catafixiar su regalo por éste otro?”

Sentencias como “¿Tienes el valor o te vale?” se quedan impresas en nuestra mente y cada vez que las recordamos, las imágenes relacionadas con ellas surgen inmediatamente. Y es que de hecho, el lenguaje que utilizamos, nació por una necesidad del hombre de comunicarse, de representar cada objeto, cada sonido, cada gesto, cada emoción que forma el mundo del ser humano.

El hombre de las cavernas cuando necesitaba decirle a sus compañeros que había visto una fiera, podría haberlo expresado con sus gestos y mímica, también pudiera haberlos llevado al lugar donde se encontrara el animal, o bien hubiese hecho un dibujo de la bestia. Pero, con el tiempo, el hombre aprendió a estilizar estas imágenes y se cree que fue entonces cuando nació la escritura, que no es otra cosa que simbolizar de una manera aquéllo que nos rodea o que surge de dentro de nosotros.

Cada vez que usamos las palabras, nuestra mente trabaja en forma conjunta. El hemisferio izquierdo se pone en movimiento con la parte lógica de la oración, es el que racionaliza y comprende el significado de las frases a través del análisis de las relaciones de las palabras que conforman la oración. Por ejemplo, si decimos “la casa es roja”, la parte del cerebro que se ocupa del análisis lógico examina los términos por separado y recoge la relación que existe entre ellos, comprendiendo que se está definiendo el color de una cierta construcción. Ésto lo hace la parte izquierda.

El segundo mecanismo en cambio, está basado en las asociaciones libres del inconsciente y está dirigido por el hemisferio derecho del cerebro, sede de las emociones, de las fantasías. Las palabras por separado de la frase, “la casa es roja”, evocan una serie infinita, variable según la persona que las utilice, de imágenes concatenadas, por lo que la palabra “casa” se podría asociar a los conceptos de hogar, doméstico, calor, protección, familia o en un sentido opuesto también puede representar muros, encierro, prisión, opresión, étc.

Así pues vemos cómo también puede darse una expresión simbólica a través del lenguaje, de la concatenación de palabras, es una forma de comunicación que favorece mecanismos lógicos y a la vez asociativos. Si bien el lenguaje de uso común lo usamos preferentemente en un plano análítico, también el uso de la palabra puede llevarnos a un plano simbólico y de reflexión, al que podemos entrar fácilmente con el uso de las frases o citas que van desde lo lógico a lo asociativo, de lo analítico a lo reflexivo.

Dicen que Castaneda escribía en distintos niveles de comprensión, y que en consecuencia, al igual que la Biblia, es factible leerlo y entender los múltiples significados contenidos en la obra.

Octavio Paz escribió en el prólogo de Don Juan “la dificultad de este libro no depende de que su significado sea inaccesible sino de que es múltiple: cada frase y cada palabra es un haz de sentidos, un puñado de semillas semánticas”.

Nuevamente: las palabras son el hechizo mágico que nos lleva de un lugar a otro en tan sólo un instante...

Dejando por un momento estas reflexiones, podemos comentar también que el usar frases no sólo promueve nuestra habilidad para reflexionar y desarrolla nuestra habilidad con el lenguaje sino que hasta nos da el beneficio de ejercitar nuestra memoria. ¿Cuántos de nosotros no recordamos aquella frase o refrán que usara nuestra madre o nuestra abuelita para decirnos algo en el momento más adecuado en vez de soltarnos todo un sermón? Ese es otro beneficio de las máximas: que pueden ser recordadas y dichas en el momento justo; como, por ejemplo: “si quieres perder un amigo, hazle un favor que no te haya pedido”. Citas de esta naturaleza mencionadas en el tiempo indicado, muchas veces evitarán el tener que dar un discurso acerca de si uno debe entrometerse más allá de lo permitido en una relación amistosa.

Existen todo tipo de frases:  de amor, cómicas, de enseñanza, satíricas o cínicas, falsas, y hasta para quedar bien con el sexo opuesto.

Algunos ejemplos:

“Dichosos los ojos que te ven y más feliz la mano que te toque”                             (de amor)

“En la mar tiré un alfiler, y sólo el día que lo encuentre te dejaré de querer”            (de amor)

“Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”                 (cínica-cómica)

“Decir la verdad lo puede hacer cualquier idiota. Para mentir hace falta imaginación”        (falsa)

“Toma consejo con el vino, pero decide después con el agua”                                (de enseñanza)

“La vida es como un espejo, te sonríe si la miras sonriendo”                                 (de enseñanza)

“No todos necesitamos un talento excepcional, con amor y sentido común basta y sobra”    (de enseñanza)

“Tener hijos no lo convierte a uno en padre, de la misma manera que tener un piano no lo vuelve a uno pianista”        (de enseñanza)

La técnica de la frase, es en realidad algo sumamente sencillo. Básicamente les decimos un pensamiento a los niños, ya sea que se los dictemos para que ellos lo escriban en sus cuadernos, o que lo copien del pizarrón donde lo hemos anotado, y luego les pedimos que lo lean y nos digan qué entienden o qué significa esta cita para ellos.

De esta manera tan simple, practicamos y desarrollamos: el lenguaje escrito, el lenguaje hablado, la comprensión del lenguaje y la reflexión sobre el significado del lenguaje.

Sin embargo, nosotros como guías debemos procurar que este proceso vaya siempre del análisis a la reflexión, de lo que parece que nos dice a lo que realmente es para nosotros. Si bien este procedimiento no se logre del todo en las edades más pequeñas, sí podemos irlo inculcando, para que al ser el niño mayor pueda fácilmente leer y comprender el símbolo detrás de las palabras.

Es importante aclarar que el maestro nunca debe orientar la interpretación de la frase, que el niño tiene que decir lo que entiende y que si entiende algo diferente de lo que el maestro pretendía no debe forzarlo a comprender lo que él cree, sino elegir para la siguiente ocasión otra frase que permita alcanzar el objetivo que se pretendìa. Si el maestro forza al alumno a entender la frase como él lo quiere le arranca la posibilidad de desarrollar su capacidad de discernimiento para sustituirla por la repetición mecánica de lo que piensan los adultos o de los que queremos escuchar.

Los beneficios de esta práctica son entre otros el desarrollo de la autoconfianza, el análisis, la reflexión e introspección, capacidad de discernimiento, memoria y un creciente impulso por buscar la verdad.

La mente posee una gran capacidad para memorizar, así que si seleccionamos cosas buenas para llenar este espacio podremos cumplir aquello que dice “como piensas, así eres”.

La mente de un niño es como un gran almacén, y toda esta información alimenta para bien o para mal su mente; el excesivo bombardeo actual de imágenes negativas, de violencia, de agresión e intolerancia pueden ser combatidos si alimentamos su mente con pensamientos positivos, valiosos, armónicos y coherentes.

De hecho, la finalidad de cada una de las herramientas con las que nos valemos en clase no es otra más que lograr que el niño haga suyo el valor de ser humano, y pueda tener coherencia entre sus acciones, sus pensamientos y su hablar.


Aplicación de la técnica de la frase

Cada niño en cada grupo es distinto por lo que se debe saber qué requiere un grupo o ese pequeñín en especial. Nuestra mejor herramienta como maestros es estar atentos y ser sensibles a las necesidades del grupo.

Algunas recomendaciones generales para la aplicación de esta técnica son:

-    elegir la frase o poema de acuerdo a la edad, al vocabulario que manejen

-    que sea concordante al valor que se eligió para esa clase

-    si la cita es corta, el niño puede aprenderla con mayor facilidad

-    es bueno analizar en conjunto el significado de la frase, ¿qué quieren decirme con ésto?, ¿qué me dice a mí?, ¿conozco otra frase diferente pero con un significado similar?, ¿estoy de acuerdo con lo que la cita refiere?

 

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