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Escrito por Jean-Pierre Lehman   

¿QUÉ SIGNIFICA LIDERAZGO RESPONSABLE A PRINCIPIOS DEL

SIGLO XXI?

¿Estamos dirigiéndonos a una primavera de esperanza o a

un invierno de desesperación?

Profesor Jean-Pierre Lehmann - Junio, 2008

 

Recientemente hay una buena discusión acerca del concepto “liderazgo responsable en los negocios”. Suena bien; pero, ¿qué significa? Hay ciertamente un riesgo que este término se convierta en una nota más del zumbido de los negocios, algo que hemos considerado con un considerable exceso. Así que, ¿qué constituye el liderazgo responsable  a principios del siglo XXI?

Primero, unos breves comentarios sobre nuestra época. Los grandes contrastes son reminiscencias de las líneas de apertura de la obra de Charles Dickens, Historia de dos ciudades (publicado en 1859):

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada…

En suma este es el panorama altamente complejo de la sociedad global del siglo XXI; podemos decir que está caracterizado por oportunidades sin precedente en una escala que era impensable hace apenas 20 años y al mismo tiempo permeado de un sentido extremado de injusticia y desigualdad. Los últimos 20 años de crecimiento sostenido y baja inflación han sido testigos de una considerable reducción en la pobreza y de un crecimiento en los niveles de ingreso. Sin embargo, debido a un sinnúmero de razones, las desigualdades y tal vez aún más inequidades han llegado más allá de su punto culminante aún más agravadas.  Esto es más o menos verdad en todo el mundo, tanto en los países industrializados como en aquellos en rápido desarrollo como China, India, Vietnam y México. Al mismo tiempo, el economista Paul Collier nos recuerda, que hay mil millones de personas, un sexto de la humanidad, que aún no viven en el siglo XXI sino en el XIV (1).

Así que, ¿son las oportunidades ese traje proverbial dorado que nos lleva a la nube oscura de la desigualdad e inequidad, o son la desigualdad y la inequidad el oscuro traje de la nube dorada de oportunidades? ¿Estamos vislumbrando una primavera de esperanza o un invierno de desesperación? Si bien la respuesta claramente dependerá de la reacción de varios actores y del papel de los gobiernos que no debe ser subestimado, las empresas tienen también un papel fundamental. Y este rol dependerá de la calidad y grado de responsabilidad de sus líderes.

El liderazgo responsable en los negocios en el siglo XXI está constituido por cuatro atributos esenciales y altamente relacionados entre ellos; aunque los individuos pueden destacar más en uno o dos atributos que en otros, de ninguno de ellos se puede prescindir. Estas son las condiciones (sin orden de prioridad):

 

Visión de negocios

El liderazgo en los negocios requiere de un alto grado de profesionalismo. Necesita de la capacidad para crear bienestar, para realzar tanto al accionista como al responsable del valor en términos de largo plazo. Esto no es tan obvio como suena. Subrayaría que no hemos sido particularmente bien servidos por los líderes de negocio en las últimas dos décadas desde el punto de vista de esta condición fundamental. Piensen en cómo mucho de la riqueza ha sido destruida realmente por negocios fallidos. Algunos fracasos debido a la deshonestidad, a un irrestricto ego y avaricia, e incluso a una inconsecuente dosis de incompetencia gerencial, es decir, falta de visión. El líder de negocios responsable del siglo XXI debiera tener un más alto grado de profesionalismo.

 

Conocimiento global

El líder de negocios responsable del siglo XXI debe tener un nivel sofisticado de comprensión global, que a cambio debiera sostenerse en el conocimiento local que él/ella habrá de adquirir en el lapso en el que se desarrolle su carrera en diferentes regiones, incluyendo las emergentes, y por supuesto en el escuchar a las personas localizadas en dichas regiones. Este atributo también, parece deseable. Por ejemplo, a pesar de que de hecho virtualmente todas las compañías tienen considerables compromisos en China, ¿cuántos CEOs conocen bien China?, ¿cuántos miembros de los consejos de estas compañías hablan chino? China es compleja; puede decirse tanto que es la más grande potencia en auge de la economía del siglo XXI y la más grande amenaza en ciernes. Requiere de habilidades políticas y diplomáticas altamente desarrolladas de todas las partes, especialmente empresa y gobierno, para asegurar que este auge sea desarrollado y la amenaza evitada.

Pero hay una miríada de otros ejemplos. Permítanme dar otro más. Basado en mis observaciones y conversaciones, los representantes con sede en Oriente Medio de compañías occidentales multinacionales estaba convencidos de que la invasión a Irak era altamente riesgosa y que podría causar la desestabilización de la región. El conocimiento de la historia iraquí, de su sociedad y economía ciertamente parecía confirmar esto. Aún así, muchos CEOs, en vez de escuchar a sus representantes con el conocimiento local, apoyaron la guerra o fallaron en oponerse a ella. El mismo escenario riesgoso se replicó respecto a Irán.

¡Los líderes de negocio con un buen conocimiento global pueden hacer la diferencia entre la guerra y la paz!

El punto importante es que en este mundo integrado y altamente complejo  –el cual, contrario al despliegue publicitario, no es “sin fronteras”, no es “plano”, o cualquiera de esos tendenciosos clichés– el líder de negocios debe ser una “renacentista” o al menos tener la inteligencia y humildad para confiar en aquéllos alrededor de él/ella para conseguir la clase de conocimiento global y la sensibilidad que hay y que será requerido cada vez más.

 

Conducta ética

La ética del Capitalismo está imbuida en lo que Max Weber determinó como la “ética protestante”(2). La ética ha sido más frecuentemente ignorada que observada, pero al menos uno sabía (o pensaba que uno sabía) como la conducta ética funcionaba. Max Weber sin embargo, estaba escribiendo en una época en que la dominación occidental en el mundo económico estaba en auge. Hoy esa dominación está rápidamente siendo erosionada. El mundo se ha vuelo más “multi-polar” no sólo con respecto a la manufactura, al comercio, finanzas e innovación, sino respecto a culturas y valores. Los líderes de negocio se enfrentarán a los múltiples dilemas éticos que con mayor frecuencia están surgiendo de valores en conflicto.

Sólo un ejemplo: La caricatura que un periódico danés publicara despreciando al profeta Mahoma causó una pérdida considerable en los negocios de las compañías danesas en países islámicos. En el mundo del siglo XXI, ¿cómo medimos el valor de la “ética” en algo que puede entusiasmar a algunos daneses pero ofender a millones de otros habitantes del planeta? En este mundo integrado, ¿está la ética occidental sobre el  triunfo de la libertad por encima de la ética islámica de la blasfemia? Esta es la clase de preguntas y dilemas a los que el líder responsable de negocios del siglo XXI tendrá que enfrentarse para encontrar respuestas. Jugar a ser una avestruz en el tema de la ética, no es una opción.

 

Ciudadanía comprometida

En su libro “Un futuro perfecto” (3), John Micklethwaite (actual editor de El economista) y Adrian Woolridge, acuñaron el término “cosmócratas” para definir a la nueva élite de la era global. Mientras esto representa a la mayor élite genuinamente global que el mundo ha visto, también se han resaltado que es la élite que está más divorciada del resto de la sociedad. El inversionista de Shangai no tiene ningún problema en conectarse con sus pares en Londres, Madrid, Mumbai, Sao Paulo, Nueva York, pero tiene una gran dificultad en comunicarse con sus compatriotas que están 50 km a la redonda. Y lo mismo aplica para sus contrapartes en su propia sociedad. En su influyente libro Montaillou (4) que se desarrolla en una villa francesa a principios del siglo XIV, Emmanuel Le Roy Ladurie demuestra el grado en el que la élite feudal estaba de hecho bien integrada a los niveles más bajos de la sociedad. Hablaban el mismo lenguaje, tenían la misma clase de comida, bebían el mismo vino, cantaban las mismas canciones, oraban al mismo Dios, etc. Esta empatía no es el caso de la hoy presente élite global.

Más recientemente, David Rothkopf ha ido más lejos que Micklethwaite y Woolridge, al definir y describir el término “superclase” que constituye a la élite global y que él estima en unas 6,000 personas, presionando el abismo entre esta élite de superclase y el resto de la humanidad (5).

Este abismo puede ser probablemente visto como vergonzoso (y no necesariamente bien ganado) lo que le da a la super clase sus atributos por sí mismos, especialmente en tiempos de crisis. Pero, más allá de ello, esta división social es más ancha y profunda cada vez.

Esto no es sostenible. Los líderes de negocio responsables deben ser y ser vistos como verdaderos ciudadanos y miembros de la sociedad.

No es claro que la actual élite social mora y sus sistemas educativos están pavimentando el camino hacia el liderazgo responsable en los negocios. La currícula de las escuelas de negocios, por ejemplo, tienden a dar mucho más énfasis en el desarrollo personal o en el balance individual de vida-trabajo, que a la responsabilidad y obligaciones que el líder tiene. Esto satisface el narcisismo que prevalece como una de las características de nuestra época.

Aún aquellos no bien versados en historia de la India, están probablemente familiarizados con el famoso aforismo de Gandhi:

“La Tierra provee lo suficiente para las necesidades de cada hombre, pero no para la avaricia de cada uno”.

Con los precios actuales de los alimentos podemos condenar a millones al hambre y a regresar a un estado de pobreza, mientras la super clase bebe y cena en cada vez más lujosos sitios, hay un grave riesgo que la avaricia sumerja este planeta en un invierto de desesperación. El liderazgo responsable en los negocios en el siglo XXI no es un lujo. Es un imperativo urgente.

 

Jean-Pierre Lehmann es Profesor de Economía Internacional en el IMD y Director fundador del Grupo Evian. Enseña en el programa de la Construcción de Talento y en el Programa para el desarrollo de Ejecutivos.

 

 

 

(1) Paul Collier, The Bottom Billion: Why the poorest countries are failing and what can be done about it, Oxford University Press, Oxford and New York, 2007.

(2) Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism, 1905.

(3) John Micklethwaite and Adrian Woolridge, A Future Perfect: The Challenge and Promise of Globalization, Random House, New York, 2000.

(4) Emmanuel Le Roy Ladurie, Montaillou : Village Occitan, 1975

(5) David Rothkopf, « Superclass and the Inequity of Globalization », YaleGlobal, 14 May 2008.

 

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